#RelojDetente

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Macarena-316.jpgAquella madrugá del 18 de Septiembre de 2010, de un verano expirante que evocaba a cancel en Sor Ángela en el término municipal de Santiponce. Aquella amanecida en el parque con los vencejos cantando a la Reina de los Cielos, aunque otros piensen que todo estaba dicho y escrito.

Un sólo nombre de Mujer se vió reflejado en el lago del parque, la cera por testigo en las inmediaciones de un estadio que de olímpico solo tiene el nombre sin haber llegado a serlo. Si por él pasaron grades estrellas internacionales y mundiales de la música Pop-Rock, la que iba a entrar superaba a todas ellas. Entraba la Señora de Sevilla, mil veces cantada, mil veces rezada ante el graderío convocado por la Hermana de la Cruz, Madre María de la Purísima, siendo elevaba a los altares al son de las campanas de la Turris Fortíssima, a las órdenes de Santa Juana en uno de los días de gloria mayor para nuestra Sevilla.

Por fin el Alamillo pudo verla, lejos de la Basílica, en su paso sin palio con el señorío que desprende, con guardabrisas y la caricia del sol que no quiso perdérsela.

La Virgen de la Esperanza, en estación de gloria visitando parte de su barrio que no visita en Semana Santa. Encontrándose por vez primera con el hospital que lleva su nombre, el Virgen Macarena con sus profesionales y enfermos. La multitud desplazada desde otras provincias andaluzas y otras zonas de España, según el Cecop se llegaron a las 200.000 personas en el regreso de la tarde del Sábado. 

Han pasado dos años y será imposible olvidar aquella jornada los que la vivimos intensamente desde la intimidad del camarín creado en el estadio para la espera del regreso por la Virgen de la Esperanza, como todo el personal congregado a lo largo y ancho del itinerario. Increíble, inolvidable.

Quedan solamente tres meses para los turnos de vela, para poder rozar su mano con nuestros labios hechos ofrenda y agradecimiento, petición y promesa. Bajo la mirada que a todos nos ampara y nos embriaga de Esperanza en el barrio y a los vienen a visitarla de fuera, brindándonos la oportunidad de sentirla más cerca, donde se hace más humano si cabe el rango celestial al que Dios la elevó por fidelidad a sus planes en la tierra.

Tres meses para convertirnos en lo que Ella quiera, para la noche del pescaíto de la Roma Macarena, bajo el arco, a la espera del nacimiento del Señor de la Sentencia. Ya queda poco, muy poco para que el atrio de puertas abiertas reciba a Sevilla como Ella siempre la espera.

@EstebanRdM

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Antonio García 09/18/2012 10:16

Estas conmemoraciones son el recuerdo del recuerdo que pervivirá en nuestra memoria. Momentos únicos que solo se desharán cuando se tornen realidad y nos postremos a sus plantas para rendir
cuentas.
Un abrazo.